Diego E. Vintimilla-León, Julio C. Idrovo-Suárez
imperativo moral a las instituciones democráticas hacia los ciudadanos, generando
beneficios en términos de reputación y confianza (Mabillard & Pasquier, 2016).
No obstante, autores como Meijer et al. (2015) señalan que un “problema
clave en la evaluación de la transparencia es que los contextos (políticos,
administrativos, institucionales, culturales y demográficos) en los que se construye
la transparencia varían considerablemente” (p. 498). Si bien la transparencia es
un mecanismo necesario dentro del sistema gubernamental, por sí sola resulta
insuficiente para garantizar el fortalecimiento efectivo de la rendición de cuentas
públicas (Fontaine et al., 2022).
En ciertos casos, el volumen excesivo de documentos —como informes
financieros, códigos y normas internacionales o auditorías— puede generar
un efecto contrario al esperado, al ofuscar en lugar de esclarecer y aumentar
las sospechas en lugar de disiparlas (Roelofs, 2019). En el ámbito deportivo,
los grandes escándalos del siglo XXI han contribuido a que este fenómeno se
convierta en un tema creciente de interés en la literatura contemporánea.
Las prácticas poco éticas e incluso ilegales (France et al., 2024), sumadas a
los constantes cuestionamientos vinculados principalmente con la corrupción y
otras irregularidades —fraude electoral, nepotismo y malversación de fondos—
(Costa et al., 2025), han consolidado la necesidad de incorporar la transparencia
en la gobernanza deportiva como una herramienta clave para regular los procesos
de gestión y garantizar mecanismos efectivos de veeduría social (Urdaneta et al.,
2021).
Organismos supranacionales como la European Commission (2018), señala
que la transparencia y la rendición de cuentas en las instituciones deportivas deben
ser lo suficientemente rigurosas como para sostenerse frente al escrutinio público.
A su vez, es el principio más citado en los códigos de buena gobernanza de las
organizaciones deportivas nacionales e internacionales (Urdaneta et al., 2021). Es
por ello, que la buena gobernanza en el deporte integra dimensiones organizativas,
sistemáticas y políticas, en gran medida como respuesta a los escándalos de
corrupción y a las conductas indebidas denunciadas en organizaciones deportivas
a nivel mundial (Thompson et al., 2022).
De los tres dominios de la gobernanza deportiva, organizativo, sistémico
y político, el primero se centra en la gestión interna de las organizaciones; el
segundo se fundamenta en las negociaciones y relaciones entre distintas entidades
deportivas; y el tercero corresponde a las autoridades externas, como los gobiernos
u órganos rectores del deporte, que orientan y regulan, en lugar de controlar de
manera directa el comportamiento de las organizaciones (Cho et al., 2023; Hu &
Shu, 2024).
Esta tendencia obedece a factores, como la creciente comercialización,
el profesionalismo de los deportistas, la mayor intervención gubernamental y
el notable incremento de la financiación. Estas dinámicas exigen estructuras,
procesos y principios de gobernanza más formalizados, capaces de asegurar la
sostenibilidad del sistema deportivo contemporáneo (Muñoz et al., 2023). Según
Hao et al. (2023), para que se produzca una innovación verdadera en la gobernanza
de los servicios deportivos, es imperativo contar con el respaldo directo del
espectro político encargado de regular la administración de un país (Solanellas et
al., 2024; Sam et al., 2022 y Lesch et al., 2022).
KAIRÓS, revista de ciencias económicas, jurídicas y administrativas, 9(17), pp.141 - 156. Segundo Semestre de 2026
(Ecuador). ISSN 2631-2743. DOI: https:/10.37135/kai.03.17.07
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